¿Salvar a otros?

 

Babaji

 

Nota: este dictado fue entregado el domingo 17 de agosto de 2008 a través de Walter Javier Velásquez, durante el “Retiro de verano 2008” de la Misión Shangra-la para Suramérica. Este evento se llevó a cabo del 16 al 18 de agosto en la vereda San Joaquín, municipio del Tambo, Cauca, Colombia.

Parte IX

 

Pregunta: Amado Babaji, a mi me gusta servir a la gente pero tengo un problema: yo siempre he pensado que debo ser claridad en la casa y claridad en la calle. Entonces, no he logrado que algunos miembros de mi familia acepten este conocimiento. Hay un sobrino al que me he dado la misión de rescatar (incluso lo he traído a los retiros) pero él está muy metido en la música regueatón, en la pornografía, en el licor, cigarrillo, etc. Yo hablo mucho con él pero es rebelde y grosero. Yo le entrego todo mi amor, oro por él, yo quisiera llegar a él así como lo he hecho con mucha gente en la calle, pero me siento sin fuerza, siento que me hace falta algo. Te pido tu ayuda para que yo pueda rescatar a los míos y a los que están afuera.

 

Respuesta: ¿A que estás atada?, ¿A cambiar a los demás? Esa atadura proviene única y exclusivamente de tu ego humano. Tu ego humano se cree el salvador de la humanidad. Te digo algo: no existe un salvador del mundo, ni siquiera Jesús puede salvar a nadie. Jesús tiene la puerta abierta a la salvación, pero una persona se salva cuando toma la decisión de soltar todas aquellas cosas que son un obstáculo para comprender su Conciencia de Unidad con Dios.

 

Así que tú no eres salvadora de nadie –ni de tu sobrino- tú viniste a convertirte en Dios en la Tierra y esa es tu responsabilidad. Si quieres salvar a alguien; ¡Sálvate a ti misma! Para hacerlo debes renunciar a esas expectativas de que tienes que cambiar a la gente.

 

Tu sobrino es Dios, es una parte de Dios que descendió a la Tierra y que necesita experimentar el cigarrillo, las drogas el alcohol ¡todas esas cosas! En este momento de su proceso espiritual necesita experimentarlo, y está bien. Puedes orar por él, puedes hablarle; pero no te ates a que tiene que cambiar ahora. Déjalo que cambie en el tiempo de Dios.

 

Deja que los frutos estén maduros para la cosecha. Tú no puedes tratar de cosechar un fruto cuando está verde o cuando apenas está en flor porque se dañará. Déjalo que se madure y que Dios haga su cosecha en el momento apropiado. Dios es el gran agricultor, Él sabe cuales son los tiempos de cada alma. Porque hay un tiempo para sembrar, hay un tiempo para abonar, hay un tiempo para regar y hay un tiempo para la cosecha –y ese tiempo tal vez no ha llegado- pero tú quieres arrancar ese fruto a la fuerza cuando todavía se encuentra verde. De este modo le estás haciendo un daño porque al presionarla, esa alma generará un rechazo a todo lo que sea espiritual, incluso podrá llegar a sentir odio hacia las enseñanzas espirituales por tratarle de inculcar algo que en el momento no necesita.

 

Lo que necesita es experimentar. Así que te repito: puedes orar por él, puedes darle consejos sabios pero no te ates a que tenga que cambiar ahora.

 

Intervención: Pero es que yo me siento culpable al saber que él se puede estar perdiendo…

 

¡Tu ego te hace sentir culpable! él te dice dos mentiras: la primera es que eres la salvadora de los demás y la segunda es que eres responsable por los demás. Tú no puedes cambiar a nadie, a la única persona que puedes cambiar es a ti misma. Cámbiate a ti misma. Dios no te envió a la Tierra a cambiar a la gente, Él te envió a cambiarte a ti, a elevarte en conciencia y a darle las herramientas a las personas para que generen su propio cambio; pero cada persona toma la decisión de cambiar o no. Tú puedes mostrarles el río que corre a las personas pero no puedes tomarlos del cabello y obligarlos a que beban de esa agua –eso no es parte del plan Divino.

 

Simplemente renuncia a las expectativas de que tienes que cambiar a la gente, renuncia a esa culpa que proviene del ego y del príncipe de este mundo, lo cual ha sido un obstáculo en tu sendero espiritual. Renuncia a todo eso y déjalo a él que experimente.

 

Al igual que este mensajero muchas personas han experimentado todo eso y cosas peores aun. Sin embargo, en algún momento cuando el fruto ha estado maduro para la cosecha Dios ha venido a recogerlo y ha habido una victoria en esa alma. No trates de acelerar algo antes de su tiempo.