Mi encuentro con el Maestro

 

Un mensaje de Magda con Jesús el Cristo

 

 

Nota: este dictado fue entregado el 16 de febrero de 2008 en la ciudad de Cartago (Valle del Cauca, Colombia). El dictado fue entregado a través de Walter Javier Velásquez.

 

 

Sufría, porque me creía separada de Dios

 

A mí, Maria de Magdala –a quien la historia ha conocido como María Magdalena- se me ha permitido atravesar el velo que separa el cielo de la tierra y hablar a través de este mensajero que ha abierto su corazón para que mi mensaje pueda llegar al mundo.

 

Les voy a contar una historia que sucedió hace aproximadamente 2000 años. Yo era una mujer que gozaba de ciertos beneficios económicos y sociales. Sin embargo, me creía separada de Dios y del Todo. La ausencia de la figura paterna me llevó a buscar ese cariño en otros hombres. De este modo llegué a ser una mujer sumamente promiscua. Entregaba mi cuerpo a unos y otros hombres buscando placer.

 

Detrás de esa entrega no había una necesidad de dinero. Había una necesidad de aprobación, de cariño; una necesidad de suplir el amor (que no pude recibir de mi padre) a través de las caricias y las palabras de estos hombres con los cuales sostenía encuentros sexuales. Por esto fuí llamada prostituta, fuí llamada ramera; fuí criticada por los rabinos –los sacerdotes de la época- fuí juzgada por la sociedad.

 

Todo eso me llevó a pensar que yo era una persona muy mala, muy indigna, que era una pecadora por naturaleza y que no era merecedora de buscar a Dios. Entonces, en lugar de dejar lo que estaba haciendo, decidí hacerlo más y más y más, hasta que el sexo llegó a convertirse en una actividad compulsiva, en una adicción. A través del sexo escapaba de la condenación del mundo, escapaba de esa falta de amor y de ese odio que el mundo enviaba en mi contra. Esa era mi ruta de escape.

 

¿Quién es ese Jesús?

 

Mientras más pecadora me sentía, más caía y más buscaba estos placeres mundanos –para huir del dolor. Pues bien… una de mis criadas me contó que su esposo –quien sufría de la mano seca- había sido sanado por un hombre llamado Jesús. “¿Quién será ese?” –decía yo. “Debe ser algún profeta, algún loco o alguna clase de santo”. No presté mucha atención, sin embargo tuve mucha curiosidad de llegar a conocer a ese tal Jesús.  

 

A medida que pasaban los días, su nombre se instaló en mi corazón. Llegué a pensar que este Jesús me podía ayudar a sanar de las dolencias de mi alma. Un día, cuando estaba en mi casa, mi criada me llamó y me dijo: “¡Señora! ¡Señora! Cerca de tu casa viene ese hombre al que llaman Jesús, viene acompañado de sus discípulos y de una multitud de gente. Yo corrí a verlo. Me instale al lado del camino por el que sabia que pasaría. Vi sus ojos, su rostro… …alto, esbelto. Me enamoré de él. Me enamoré de su mirada. Pero al pasar a mi lado, ni siquiera me miró a los ojos. Yo pensé que tenía que ser un hombre muy orgulloso y prepotente…y lo odié. Odié a Jesús porque vivía para toda un multitud de personas que lo seguían, y sin embargo no vivía para mi.

 

Pasaron las semanas. Estando en mi alcoba una tarde, de nuevo me llamó mi criada y me dijo: “¡Señora! ¡Señora! Ahí está el profeta de Galilea sentado en tu jardín”.  Descendí rápido por las escaleras, traté de arreglar mi pelo y mi vestido. Evidentemente ahí estaba él con su rostro sereno, sentado en una gran piedra que había en mi jardín. Corrí hacia él y me incliné por respeto al profeta que era. Le dije: “Entra en mi casa Señor”. Jesús me miró a los ojos y respondió: -“Ya estoy adentro”. Seguidamente me dijo unas palabras que quedaron grabadas para siempre en lo éteres. Dejad que sea el mismo quien las pronuncie. (Continua en el siguiente dictado).

 

 

Jesús:

 

Te amo por lo que eres

 

“Maria, yo te amo por lo que eres. Muchos hombres se aman a sí mismos al estar junto a ti. Ellos buscan en ti un placer sexual que es egoísta en naturaleza. Ellos no te aman por lo que eres. En realidad, aman tu cuerpo, y aman el placer que obtiene de él. En cambio Maria, yo te amo por lo que eres. Amo tú alma y la seguiré amando. Amo esa parte de ti, que cuando tu cuerpo envejezca, cuando tu rostro se llene de arrugas y tu cabello se torne blanco por la nieve de los años, seguiré amando. Yo te amo por lo que eres. ¡Ámate a ti misma!, porque yo te amo”.

 

Yo, el Cristo Viviente, estoy repitiendo las palabras que dije a Maria hace 2000 años, para cada una de vosotras, Hijas de Dios; para cada uno de vosotros, Hijos de Dios que estáis caminando las calles del mundo entregando vuestro cuerpo o dañándolo por el uso de las drogas o el alcohol.

 

Yo te hablo hoy, seas hombre o mujer (porque sin importar el sexo, tu alma es femenina. Tu alma se llama “Maria”, que significa “Doncella”). Por eso te digo: “Doncella, yo te amo por lo que eres. Ámate a ti misma. Porque en la medida en que te ames a ti misma, el amor de Dios podrá descender a tu mundo y podréis experimentar la gracia, la belleza, la abundancia y la felicidad de Dios en tu vida”.

 

Ámate a ti misma y acepta el amor que yo, el Cristo, tengo para ti. Aceptad el Amor de Maria, de mi hermano Babaji y de todos los seres celestiales; ángeles y arcángeles que están aquí para decirte: “Te amo incondicionalmente, te amo por lo que eres y no me importa lo que hicisteis ayer o lo que haréis mañana, porque a pesar de eso te sigo amando Aquí! y Ahora! Porque el amor de Cristo es vivo y eterno”.

 

Así como hace 2000 años caminé por las cantinas de Galilea llevando mi mensaje a las mujeres que vendían su cuerpo y a los hombres que eran adictos al alcohol, hoy envío a decenas de mensajeros para que vayan por el mundo llevando mi mensaje a los callejones oscuros y a los lugares más sucios.  Porque detrás de esa suciedad se encuentran almas como la tuya –almas que son puras por naturaleza, que son santas; que son la belleza y el amor de Dios-.

 

Tu Espíritu es perfecto

 

No creáis que todos lo errores que habéis cometido han dañado la pureza del Ser que tú eres. El Ser que tú eres es inmortal, es perfecto y no puede ser dañado por nada de lo que hayáis hecho o te hayan hecho en este mundo. Haced de cuenta que tú –como un Ser espiritual inmortal- tienes un acetato transparente sobre la hoja en blanco de tu Espíritu puro. Es sobre ese acetato (de la identidad humana) que se han escrito cosas infames. Es el acetato el que se ha manchado. ¡Pero tú no eres el acetato! Lo único que tienes que hacer para vivir la plenitud de Dios es arrojar a un lado ese acetato que hace parecer que esas manchas han sido escritas sobre tu Espíritu –lo cual es una mentira.

 

Ahora que habéis arrojado ese acetato de condenación al fuego Sagrado, te das cuenta de que tu Espíritu –al que llamaré la Presencia YO SOY- es puro, es santo, es digno y es Abundante en este momento. ¿Lo aceptas Hija o Hijo de mi corazón? Si lo puedes aceptar, entonces ya todo está hecho. Porque si tú aceptas que eres digna y yo acepto que eres digna, y el Dios Padre acepta que eres digna; nada ni ninguna fuerza en este mundo se podrá oponer a que encarnes la victoria del Cristo, la abundancia del Cristo y la sabiduría del Cristo en tu vida.

 

Yo Jesucristo junto con mi Madre, estoy en tu corazón si me aceptas y me lo permites. Y no importa si más tarde o mañana vas a consumir nuevamente de esa droga, recordad que a pesar de eso yo seguiré viviendo en tu corazón –pero no para que te sientas cómoda con la droga, no para que te sientas cómoda con el hecho de vender tu cuerpo- seguiré en tu corazón para recordarte que aunque sientas la necesidad de hacerlo, hay mucho más que eso, la vida es más que eso, la vida es más que eso, la vida es más que eso. Hay muchos mundos por conquistar, hay mucha felicidad y alegría por conocer.

 

Estar dispuesto(a) al cambio

 

Si decides seguir mi llamado –el llamado del Cristo viviente- en algún momento sentirás la necesidad de abandonar el hecho de vender tu cuerpo, de abandonar esa droga, ese alcohol o esa actividad delictiva. La abandonarás y podrás aceptar que yo, el Cristo Viviente, estoy contigo.

 

Yo no te pido necesariamente que cambies de hoy para mañana. Simplemente te pido que aceptes mi palabra y que aceptes que en ti está el potencial de Cristo que Dios ha sembrado para vencer y triunfar. Amados míos, aceptad este llamado.

 

Yo Jesucristo, he descendido nuevamente al infierno para rescatar a mis hijos. He descendido a rescatarlos de los brazos infernales del dolor, del sufrimiento, de la condenación. Ustedes no son eso y no lo merecen. Ustedes merecen vivir en medio de la abundancia, de la felicidad y de la alegría del Cristo que YO SOY.

 

Yo no veo tus demonios

 

Yo estoy aquí, junto con mi amada consorte divina Magda, a quien se conoce como Maria Magdalena, para decirles: a mi no me importó que ella fuera promiscua, a mí lo que me importó era que ella era una Hija de Dios. Yo jamás vi los demonios que la gente decía que tenía. Mucha gente me hablaba de ella y me decían: -“No te acerquéis a Maria de Magdala porque ella tiene siete demonios en su interior”. Puede que eso fuera cierto o no. Sin embargo, el día que me senté en su jardín y la vi acercarse hacia mí, no me puse a ver sus siete demonios. No, yo vi el potencial de Dios y del Cristo que había en ella.

 

Yo vi en ella una Hija de Dios maravillosa y eso es lo que estoy viendo en ti: una Hija de Dios maravillosa, veo el potencial Divino que hay en ti, Hija e Hijo de Dios maravilloso. Esa es la visión que yo sostengo para ti –junto con mi Madre Maria-. Sostén esa visión en ti y no aceptes la condenación del mundo que te dice que eres impura, que te dice eres impuro, que eres malo, que eres una escoria o una carga par la sociedad.

 

Yo estoy aquí para decirte: ¡Eres un Hijo de Dios! ¡Eres una Llama de Dios! Renuncia a la mentira de la condenación del mundo. Acepta la verdad de que yo el Cristo, vivo en tu corazón, que estoy aquí para ayudarte y sanarte a través de este mensajero y de las personas que voluntariamente han puesto su número de teléfono en este folleto para que los llames y busques una guía y una palabra de apoyo.

 

Cuéntales a ellos (si quieres) todas esas cosas que haz hecho en la vida, y no recibirás de vuelta condenación ni critica. No vas a recibir de vuelta un sermón. Vas a recibir palabras de apoyo, aceptación y amor incondicional. Aunque algunas de estas personas no han vivido tu experiencia, puede que no entiendan la totalidad de ella, sin embargo estarán abiertas a darte amor y cariño.

 

Yo Jesucristo, vivo en ti y estoy aquí para decirte: ¡El Cristo que YO SOY es victorioso en ti ahora! ¡El Cristo que YO SOY es victorioso en ti ahora! ¡El Cristo que YO SOY es victorioso en ti ahora! Y para que esta victoria se manifieste únicamente se necesita que la aceptes en tu mundo, porque yo ya lo he aceptado en el cielo. No permitas que la duda y la condenación del mundo descienda sobre ti a decirte que esto no puede ser verdad o que este mensaje no puede ser cierto porque Jesús es un ser tan elevado que solo puede estar allá en el cielo. Pues yo he venido –a través de este mensajero y a través de la persona que te entrega este folleto- a decirte que si eres digna, he venido a decirte que el Cristo viviente no es un ser que está en el cielo sino un ser que te habla cara a cara, que te habla en tu corazón.

 

Y si no he podido hablarte directamente a ti, y he tenido que hacerlo a través de este folleto, es por una única razón: En algún momento de tu vida decidiste  que no eras digna de que Jesucristo te hablara, así que decidiste cerrarme las puertas de tu corazón y decirme: “No Jesús, tu no me puedes hablar a mi porque no soy digna”. Así que he tenido que utilizar un mensajero y una persona para que entregue este folleto. Pero mi propósito fundamental es hablarte en tu corazón directamente sin que necesites de mensajeros externos para recibir mi Palabra.

 

Yo el Cristo, te amo incondicionalmente y te digo que todas las fuerzas del cielo y de la tierra están conmigo para decirte: ¡Eres victoriosa! Te saludamos en este día en el que has dado el primer paso hacia la gloria divina. Todos los Maestros, Elohim, ángeles y arcángeles del cielo te saludamos con una ovación de pie, y te decimos: ¡Bienvenida al corazón de Dios!

 

 

 

Notas:

 

Magda: Maestra ascendida quien estuvo encarnada durante el ministerio de Jesús. Es la Llama gemela de este Maestro. Ascendió desde los planos etéricos en la década de los 90s, su última encarnación en la tierra fue la de Amie Simple Mcferson; la evangelista que fundó  la Iglesia Internacional Evangélica.  El 22 de noviembre de 1990,  Jesús anunció  que ella había equilibrado  el 100 por ciento  de su karma. Magda explicó: ´´ Podéis ver mi servicio  en la más reciente encarnación  y  podéis ver  que sin tener la llama violeta  en esa vida,  cuánto tiempo me tomó desde que hice mi transición  para darme cuenta del pleno equilibrio de mi karma...  Si estuvieras fuera de encarnación  este día en  niveles internos, no habiendo completado  el equilibrio de vuestro karma,  podrías derramar lágrimas de lamentación   por no aprovechar la gran oportunidad de la llama violeta. ´´ ( Perlas de Sabiduría,  vol. 34, no. 1 The Summit Lighthouse).

 

Jesús enseñó (a través de Kim Michaels) que después de su resurrección en un cuerpo de Maestro ascendido dejó a Magda como líder de sus discípulos, estos no la aceptaron por su condición de ser mujer. Por el contrario algunos de ellos iniciaron una persecución en su contra. Jesús pidió a José de Arimatea, quien era miembro de una sociedad secreta judía, que difundiera el falso rumor de que ella había huido a Francia, pero realmente el se retiró con ella a la región de Cachemira (India) donde se casaron en la iglesia interna del corazón y tuvieron siete hijos.