Superando las máscaras en la Comunidad 

Por Walter Javier Velásquez                                                                                                 29 de agosto de 2007

El movimiento del pensamiento positivo se ha extendido por el mundo moderno de una forma vertiginosa. Cada día son más populares los libros y los conferencistas que nos abruman con toda esa teoría del hombre positivo. Nos dicen que solo debemos hablar de nosotros en términos positivos y que debemos negar todos nuestros aspectos negativos.

Las personas que afirman ser positivas en todo terminan por negarse a sí mismas. Niegan la parte indeseable de su personalidad (el ego) y lo envían a las sombras del inconsciente. Paradójicamente, esto le otorga mucho más poder al ego, ya que en ese momento él puede controlarnos sin que lo notemos. Puesto no estamos dispuestos a reconocer que existe en nuestra vida, puede manejar nuestra vida desde la sombra del autoengaño.

Los ponentes del pensamiento positivo apelan a negar todas las partes de nosotros que no nos gustan. Si tienen ira dicen “Yo Soy amor”, si tienen lujuria dicen “Yo no tengo deseos sexuales”. Esto al principio genera unos cambios que son aparentemente positivos en nuestras vidas, empezamos a sentir más amor, más paz, etc. Lo que la gente no sabe es que cuando niegan esa parte de sí mismos que no desean, envés de trascenderla la envían a un foso que tarde o temprano se llenará.

Comparemos esto con una olla a presión, si no le das escape a la presión que existe dentro de la olla, al principio no pasará nada, pero después de cierto tiempo habrá una gran explosión y toda la comida quedará esparcida por la cocina. Así somos nosotros cuando negamos la ira, la envidia, la lujuria, etc. En el momento todo parece estar bien, pero tarde o temprano todos esos sentimientos reprimidos estallarán y solo así podremos reconocernos a nosotros mismos.

Para trascender un aspecto negativo de nosotros, lo primero que hay que hacer es reconocer que existe, que esta ahí, nos guste o no. Lo segundo es comprender que de alguna manera ese aspecto indeseado es nuestro hijo, nosotros lo creamos a lo largo de las décadas o encarnaciones. Lo tercero es asumir ese aspecto totalmente para poder comprender mejor cúal es su causa y su manera de operar en nuestra vida. En ese momento empezamos a sanar nuestra psicología personal.

Debemos reconciliarnos con la sombra, es decir, reconocer esa parte nuestra que no nos gusta y que por tanto hemos negado. Solo haciendolo así podremos aplicar la vieja frase que usaban los griegos: “Hombre, conócete a ti mismo”. Conocerse a si mismo implica tanto reconocer nuestra identidad Divina, nuestra esencia pura, como reconocer nuestra sombra o creación indeseable. Solo cuando abrazamos estos dos aspectos de nuestra vida podremos identificarnos con el primero y soltar el segundo.

Cómo una enseñanza espiritual nos ayuda a fortalecer nuestras mascaras

La metafísica ha sido una de las precursoras del pensamiento positivo en el mundo. Yo estoy aquí para decir que gran parte de la enseñanza de la metafísica es errada. Agradezco a ese movimiento puesto que despertó a muchas personas al conocimiento de la espiritualidad. Pero si te quedas pegado allí, se puede convertir en una trampa que estancará tu crecimiento espiritual. La metafísica nos enseña a negar la sobra y eso no nos permite trascender los aspectos de la misma para sanarlos, solo nos enseña a reprimir.

Hay un viejo adagio que reza: “lo que miras desaparece y lo que resistes persiste”. La metafísica nos enseña a resistir el ego. En cambio, cuando lo miramos en toda su dimensión podemos comprender su modus operandi y este empieza desaparecer. No se esconde, realmente desaparece. El amado Babaji nos ha entregado un dictado fabulo sobre el auto-reconocimiento (1), en el nos da un ejercicio que es muy valioso para empezar a asumir nuestra sombra a fin de trascenderla. La mayoría de los estudiantes no han estado dispuestos a hacer este ejercicio puesto que derrumbaría la falsa imagen que tienen de sí mismos.

La metafísica basa sus postulados en enseñanzas genuinas, por ejemplo las contenidas en “El libro de oro de Saint Germain” y las enseñanzas de Maestros como Yogananda. Dichas enseñanzas son incompletas, es decir, fueron dadas en un estado de conciencia limitado. Esas enseñanzas fueron las adecuadas para su época, pero Saint Germain no se quedó estancado en ese libro. Yogananda no quedó en el nivel de conciencia que tenía cuando estaba en la tierra.

Elevar un libro a la categoría de verdad infalible es algo muy peligroso. Eso hace que cerremos las puertas a la revelación progresiva que los Maestros nos entregan a medida que la humanidad evoluciona. Cuando hacemos eso somos semejantes a los cristianos o musulmanes quienes encajonaron a Dios dentro de un libro, siendo Dios mucho más que cualquier doctrina o texto sagrado.

Mark Prophet contaba que en cierta ocasión dio una conferencia a la cual asistieron unas señoras del movimiento metafísico. Cuenta que al final de la conferencia las mujeres estaban aterradas con la idea que nosotros pudiéramos tener un ego humano. Ellas simplemente no estaban dispuestas a reconocer su ego. Eso nos hace seres sumamente hipócritas y falsos.

Hay un viejo chiste sobre el tema que estamos tratando; en cierta ocasión se encontraron en el infierno un sacerdote católico, un rabino y un metafísico. El sacerdote pregunta al rabino                                                                                               -“¿Por qué estas aquí en el infierno?”.                                                                                         El rabino responde:                                                                                                               -“Yo comía mucha carne de cerdo y la Torah lo prohíbe”.                                                      A su vez el rabino le devuelve la pregunta al sacerdote y este responde:                          -“Solía acostarme con jovencitas y la iglesia me exigía castidad”.                          Entonces, los dos amigos miran al metafísico y el preguntan:                                                       -“y tu, ¿Por qué estas en el infierno?”.                                                                                                     El metafísico los mira despectivamente y proclama:                                                              -“Yo no estoy en el infierno”.

Bueno, he traído este tema a colación porque la hipocresía que el pensamiento positivo ha generado es uno de los canceres que no permiten la creación de la comunidad espiritual. Las personas que van a los grupos están tan absortos en la idea de que deben negar sus fallas ante ellos mismos y ante los demás, que cargan una máscara muy gruesa y superficial. Han llegado a creer que ellos son la máscara y se niegan a reconocer su propia sombra.

El hecho de esconder nuestros defectos es un síntoma inequívoco de que no nos amamos a nosotros mismos. Permítanme citar al doctor Demartini:

“Si todo lo que usted dijo, hizo y pensó hubiera sido retransmitido durante veinticuatro horas al día por la televisión de la eternidad y todo el mundo supiera todo sobre usted, ¿se amaría a sí mismo? (…) Todas las personas tenemos algo de que avergonzarnos y que no nos gusta poner sobre la mesa. Es lo que se llama la vida privada. La maestría consiste en hacer público lo privado. Con esto quiero decir que si usted es capaz de amar lo privado hasta el punto de que no le importa que la gente lo conozca o no, es que se ama a sí mismo. “(2)

El papel del mensajero

Algunas personas se aterran cuando les hablo de reconocer la sombra. Pero mi papel como mensajero no es mimar el ego de la gente y decirles que todo esta bien con ellos. Un mensajero siempre viene a retar los estados de conciencia que tiene a las personas petrificadas y no las deja avanzar en el sendero. Yo se que muchos de ustedes piensan que han avanzado bastante, pero vengo a decirles que no es suficiente. Hay otros mundos por conquistar. Muchos estudiantes son semejantes al hombre que decidió escalar una montaña y cuando estaba a mitad del camino miró hacia el valle y se sintió cómodo con lo que había escalado, por lo tanto perdió el deseo de seguir escalando.

Yo fui enviado hace unos meses por El Morya a ser el mensajero del grupo de Cali. La gente estaba muy contenta por tener de nuevo un mensajero ya que antes de mi hubo alguien que ocupó ese cargo. El fue retirado por El Morya debido a su falta de humildad. El grupo de Cali perdió el patrocinio de tener un mensajero porque nadie se levantó a desenmascarar los abusos que esta persona llevaba a cabo. Él abusó de su manto para criticar a otras personas y la gente no hizo nada para detenerlo, demostrando con ello su ausencia de la llama del Poder Divino.

El Morya le dio una nueva oportunidad al grupo meses después y me envió a mí. Él recalcó que no seria para nada fácil. Yo fui muy diferente a lo que era el mensajero anterior. Siempre tiendo a mostrarme tal como soy, con mi parte humana y divina. Mucha gente necesita sentir que su líder espiritual es perfecto y que es el ser más elevado de la tierra. Yo no fui nada de eso.

Detecté que en el grupo de Cali había ciertos comentarios terribles en contra de algunas personas. Decían que algunos miembros del grupo eran magos negros o algo así. Lo peor era que nunca se lo habían dicho directamente a las personas sino que la información corría como un rumor subterráneo por el grupo. A mi me molestó muchísimo esa situación y decidí hablar con una de las personas que diseminaban dicho rumor. Ella se negó a disculparse o retractarse por sus comentarios. Yo no sentía que esas personas a las que señalaban fueran magos negros, y aunque lo fueran, nuestro papel es dar el amor incondicional. Ningún mago negro o ángel caído se puede robar la luz de un grupo mientras que sus miembros estén centrados en la llama del amor, la sabiduría y el poder Divinos.

Cité a una reunión y expuse lo que pensaba, dije que me parecía terrible que existieran comentarios de esa índole en un grupo donde la gente venia buscar sanación. Propuse que recurriéramos al consenso para determinar que puntos de vista deberían prevalecer. Si íbamos a aceptar que se criticara a la gente, o buscaríamos otros mecanismos para tratar los problemas. Finalmente dos de las personas que generaban los rumores pidieron perdón y la otra se negó a ceder.

Al siguiente día, uno de los fundadores del grupo me citó para decirme que yo no tenía derecho a hacer eso. Que yo era nuevo en el grupo y que ellos debían manejar sus problemas sin mi intromisión. El Morya me había dicho que eso podía suceder. Él no me envió como mensajero para apoyar grupos de estructura piramidal. Me envió a crear comunidades espirituales donde todas las personas tengan derecho a ser respetadas y valoradas. Donde a nadie se le juzgue por su pasado o presente. Y, si la actitud de alguien puede afectar a la comunidad, esta se debe reunir a discutir la situación y buscar una solución por medio del consenso. En las comunidades no debe haber líderes autoritarios que tomen decisiones por todos.

Esa actitud de fingir que todo anda bien y que los problemas no se deben ventilar en público es anti comunidad. Una verdadera comunidad acepta sus problemas y trata de resolverlos con amor. En Cali ocurrió que las personas se han negado a tomar el papel de líderes, siempre esperan que alguien tome las decisiones por ellos. Eso representa una falta notable de la llama del Poder Divino.

El Morya me ordenó más tarde retírarme del grupo de Cali. Me dijo que nuevamente habían perdido el patrocinio para tener un mensajero. Y en este momento no hay ninguna persona que porte dicho manto allí. El Morya me pidió desde hace días que narrara estos hecho por varias razones. La primera es ayudarlos a que reconozcan sus propias fallas. La segunda prepararlos para las disciplinas que El dará a través de Lorraine. Mi llama es amor, pero la llama de Lorraine es mucho más fuerte ya que ella encarna el juicio y el poder.

No crean que un Maestro envía a un Mensajero únicamente para decirles que todo está bien, los mensajeros siempre vienen a retar los estados de conciencia de la gente. El Morya dice que a mi me falta mucho la llama del poder, estoy demasiado desequilibrado en eso y tengo más amor que poder. Por tanto Él no podría –aún- disciplinar y exponer el ego de las personas a través de mí.

La otra razón por la que cuento esta historia es para que sirva de ejemplo a quienes leen estas palabras alrededor del mundo. No deberían permitirse incurrir en los mismos errores. Nuestro objetivo –de los Maestros y mío- es crear comunidades eficientes basadas en el amor. Tal vez mucha gente está tan apegada a los viejos patrones de los grupos piscianos que no están dispuestos a dar el paso hacia la comunidad. Pero, con dos o tres personas que hayan será suficiente, una verdadera comunidad no requiere de multitudes.

Mientras tanto las personas pueden seguir funcionado con la vieja estructura de grupo que traen desde piscis. Eso les permitirá tener cierto crecimiento espiritual. Yo escribo es a aquellos que no se conforma con “cierto crecimiento espiritual” y que prefieren dar el salto que conduce a la tolerancia, a la comprensión, a la honestidad y que termina en la consolidación del Amor Incondicional.

Quiero decir por ultimo que amo profundamente a todos lo miembros del grupo de Cali –sin excepción-. Y que no tengo nada en contra de ninguna persona. Reconozca la Lama Divina en cada uno....

(En este momento llega la Presencia del Maestro)

El Morya me dice en este preciso momento que no debería disculparme por ser yo mismo, que esa es mi debilidad: una falta total de poder, un temor a ser rechazado si digo la verdad. El dice que eso me cohíbe muchas veces de decirles a las personas lo que pienso de ellas, Él quiso que esta reprimenda quedara registrada públicamente para que yo pudiera reconocer mejor mis fallas.

Muchas gracias. 

Notas:

  1. Babaji, Reconociendo la viga en tu propio ojo. 5 de junio de 2007.
  2. Dr. John F. Demartini. “La experiencia Descubrimiento”